Una carretilla elevadora que circula por un pasillo por donde también pasan peatones, un operador que manipula un producto químico sin conocer su ficha de datos de seguridad, un contratista externo que ignora las consignas del sitio: en cada una de estas situaciones existe un peligro y se crea un riesgo. Saber distinguirlos, identificarlos de forma sistemática y decidir las medidas a tomar es exactamente lo que exige el capítulo 6.1.2 de la norma ISO 45001:2018. El IPER, identificación de peligros y evaluación de riesgos, es el corazón de todo sistema de gestión de la seguridad y salud en el trabajo. Este artículo detalla su lógica, su método y los errores que se deben evitar.

Peligro y riesgo: dos nociones que nunca se deben confundir

El primer requisito, y a menudo el peor comprendido en el terreno, es una distinción de vocabulario. Un peligro es una fuente, una situación o un acto con potencial de causar daño en términos de lesión o deterioro de la salud. El peligro es una propiedad intrinseca: la electricidad es peligrosa, una altura es peligrosa, un disolvente es peligroso, en si mismo e independientemente de cualquier exposición.

El riesgo, en cambio, es la combinación de la probabilidad de que ocurra un evento peligroso y la gravedad de la lesión o el deterioro de la salud que puede resultar de ello. El riesgo surge del encuentro entre un peligro y una exposición. Una bombona de gas almacenada correctamente, ventilada, alejada de cualquier fuente de calor, presenta siempre el mismo peligro pero un riesgo bajo. La misma bombona cerca de un puesto de soldadura presenta un riesgo elevado. Todo el enfoque IPER consiste en actuar sobre el riesgo, ya que el peligro, por su parte, rara vez se puede suprimir por simple decisión.

Esta aclaración no es teórica: condiciona la calidad de su análisis. Un equipo que confunde ambos conceptos enumera consecuencias en lugar de fuentes, olvida peligros reales y sobreestima o subestima el control existente. Se inscribe en la lógica global de un sistema de gestión de la SST estructurado según ISO 45001.

Lo que exige el capítulo 6.1.2 de la ISO 45001

El capítulo 6.1.2 exige que la organización establezca, implemente y mantenga procesos de identificación de peligros permanentes y proactivos. La palabra proactivo es esencial: la norma quiere que se anticipe, no que se reaccione después del accidente. La subcláusula 6.1.2.1 precisa los elementos que la identificación de peligros debe tener en cuenta, en particular:

  • la organización del trabajo, los factores sociales, el liderazgo y la cultura de la organización;
  • las actividades y situaciones rutinarias y no rutinarias, incluidas las relacionadas con la infraestructura, los equipos, los materiales y las condiciones físicas del lugar de trabajo;
  • los incidentes pasados, internos o externos, y sus causas;
  • las situaciones de emergencia potenciales;
  • las personas afectadas: trabajadores, contratistas, visitantes, así como las que se encuentran cerca del lugar de trabajo;
  • los factores humanos: ergonomia, carga de trabajo, comportamientos, capacidades y limitaciones de las personas;
  • los cambios reales o propuestos en la organización, los procesos, las actividades o el sistema de gestión.

La subcláusula 6.1.2.2 trata a continuación de la evaluación de los riesgos para la SST y de otros riesgos relacionados con el sistema de gestión, mientras que la 6.1.2.3 introduce las oportunidades para la SST, es decir, las posibilidades de mejorar el desempeño en materia de seguridad. Por último, la 6.1.2.4 vincula todo esto con la determinación de las medidas a implementar. La estructura es, por tanto: identificar, evaluar, aprovechar las oportunidades, decidir las medidas.

La norma no impone ningún método de evaluación en particular. Exige un proceso documentado, coherente y aplicado, lo que deja a cada organización la libertad de elegir su método siempre que sea sólido y adaptado a sus actividades.

El método IPER paso a paso

1. Delimitar las actividades y las situaciones

Se comienza cartografiando el alcance: puestos de trabajo, procesos, zonas, tareas. Para cada uno, hay que distinguir las operaciones rutinarias (producción normal) de las no rutinarias (mantenimiento, limpieza, paradas, reinicios, intervenciones puntuales), ya que suelen ser las tareas no rutinarias las que concentran los accidentes graves. No se deben olvidar ni las fases de arranque y parada, ni las situaciones degradadas.

2. Identificar los peligros

Para cada actividad, se registran los peligros: mecanicos, eléctricos, químicos, físicos (ruido, vibraciones, calor), biologicos, relacionados con la manipulación de cargas y las posturas, psicosociales, relacionados con la circulación, las alturas, los espacios confinados. La observación en el terreno, el análisis de incidentes, las fichas de datos de seguridad y sobre todo la palabra de los trabajadores alimentan este inventario. La consulta y participación de los trabajadores prevista en el capítulo 5.4 no es un mero formalismo: son los operadores quienes conocen las diferencias entre el trabajo prescrito y el trabajo real.

3. Evaluar y jerarquizar los riesgos

Para cada par peligro-exposicion, se evalúa el riesgo. El método más extendido cruza la gravedad potencial y la probabilidad de ocurrencia, a veces ponderadas por la frecuencia de exposición y por el control ya existente. El producto o la combinación de estos criterios da un nivel de riesgo que permite jerarquizar: se tratan con prioridad los riesgos más elevados. Lo importante no es la sofisticación de la matriz, sino la coherencia de su aplicación de un puesto a otro y la trazabilidad de las puntuaciones.

4. Determinar las medidas de control

Para cada riesgo considerado no aceptable, se definen medidas según la jerarquía de controles detallada a continuación, y después se reevalua el riesgo residual. El proceso se cierra con un plan de acciones con responsables y plazos, y con una revisión periódica. El IPER nunca es estático: se actualiza ante cualquier cambio, tras cualquier incidente y según una frecuencia definida.

La jerarquía de las medidas de control

El capítulo 6.1.2.4 exige respetar un orden de prioridad para elegir las medidas. Esta jerarquía de controles va de lo más eficaz a lo menos eficaz, y un sistema maduro siempre privilegia la parte alta de la escala antes de descender:

  • Eliminación: suprimir el peligro en su origen. Diseñar un proceso que ya no utilice el producto peligroso, automatizar una tarea expuesta, retirar una máquina obsoleta. Es la medida más eficaz porque hace desaparecer el riesgo.
  • Sustitución: reemplazar el peligro por un elemento menos peligroso. Sustituir un disolvente nocivo por un producto de base acuosa, un proceso ruidoso por un proceso más silencioso.
  • Medidas técnicas y de ingeniería: aislar a las personas del peligro. Protecciones de máquinas, encapsulado, extracción en el origen, barandillas, dispositivos de parada de emergencia, ventilación.
  • Medidas administrativas: organizar, informar, formar. Consignas, permisos de trabajo, planes de circulación, rotación de puestos, señalización, procedimientos, formación y sensibilización.
  • Equipos de protección individual (EPI): casco, guantes, protecciones auditivas, equipos de protección respiratoria. Constituyen la última barrera, nunca la primera respuesta, ya que protegen a un individuo sin reducir el peligro y dependen enteramente de su uso efectivo.

El error clásico consiste en saltar directamente a los EPI porque son economicos y rapidos de implementar. La norma exige, por el contrario, justificar por que los niveles superiores no son aplicables antes de recurrir a ellos. En la práctica, un buen control combina varios niveles: una protección técnica reforzada con una consigna y un EPI.

Las oportunidades de SST, la otra cara del capítulo 6.1

Con demasiada frecuencia se reduce el 6.1 a los riesgos. Sin embargo, la norma también exige identificar las oportunidades para la SST: mejorar la ergonomia de un puesto, integrar la seguridad desde el diseño de un nuevo taller, adaptar la organización del trabajo para reducir la fatiga, desarrollar la cultura de seguridad. Aprovechar estas oportunidades es pasar de una lógica defensiva a una lógica de mejora continua del desempeño en SST. Es también lo que distingue un sistema vivo de una simple carpeta de conformidad.

El marco reglamentario marroquí

En Marruecos, el enfoque IPER se inscribe en las obligaciones del Código del Trabajo (ley 65-99), cuyo título IV esta dedicado a la higiene y la seguridad de los trabajadores. El empleador esta obligado a preservar la salud y la seguridad de sus trabajadores y a tomar las medidas de prevención necesarias. El código prevé, en particular, en las empresas que alcanzan el umbral de plantilla fijado por la reglamentación, la creación de un comité de seguridad e higiene, instancia donde se discuten el análisis de riesgos y la prevención, así como el recurso a la medicina del trabajo. El IPER exigido por la ISO 45001 ofrece un marco metódico para responder a estas obligaciones legales y para alimentar los trabajos del comité. La certificación nunca exime del cumplimiento de la reglamentación: organiza la conformidad.

Los errores frecuentes que se deben evitar

  • Confundir peligro y riesgo, y por tanto enumerar consecuencias en lugar de fuentes de peligro, lo que distorsiona toda la evaluación.
  • Olvidar las tareas no rutinarias: mantenimiento, limpieza, intervenciones de contratistas, situaciones degradadas, donde ocurren numerosos accidentes graves.
  • Descuidar los factores humanos exigidos por el 6.1.2.1: ergonomia, carga mental, comportamientos, capacidades reales de las personas.
  • Realizar el IPER de escritorio, sin bajar al terreno ni consultar a los trabajadores afectados.
  • Detenerse en los EPI sin haber buscado la eliminación, la sustitución o las protecciones técnicas.
  • Dejar el documento estático: un IPER que no se actualiza tras un cambio, un incidente o una nueva actividad pierde todo su valor. Debe dialogar con el proceso de investigación de incidentes y acciones correctivas del capítulo 10.2, que reincorpora las lecciones del terreno al análisis de riesgos.
  • Puntuar sin coherencia: aplicar la matriz de forma distinta según el evaluador hace que la jerarquización sea ininterpretable.

Bien realizado, el IPER no es un ejercicio documental sino el motor de la prevención: orienta las inversiones, estructura el plan de acciones y alimenta la cultura de seguridad. Para verificar en que punto se encuentra antes de una auditoría de certificación, HEMC pone a su disposición una lista de verificación de preparación para la auditoría ISO 45001 que recoge, capítulo por capítulo, los requisitos a demostrar, incluidos los del 6.1.2. Un buen punto de partida para transformar su análisis de riesgos en un sistema realmente operativo.

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Algunos peligros solo aparecen en una estación: el trabajo con calor extremo muestra lo que la identificación de peligros debe cubrir cuando la exposición varía a lo largo del año.

Un último punto ciego, más amplio que los demás: una identificación que solo encuentra peligros físicos ha mirado la mitad del trabajo. La ISO 45003 y los riesgos psicosociales aporta el método que la ISO 45001 no da en ese terreno.